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Diario personal jotapeniano

sábado, 20 de julio de 2013

Hay cosas que se consiguen!!


Yes!! En esta vida, solemos trabajar, disfrutar, sufrir y tantas otras cosas cada día que para qué os las voy a contar.
Hace días comentaba lo de la espalda y del osteópata. Me reía de mí mismo porqué no me cuido. Pero al final, lo he conseguido. En esta entrada, dejaremos atrás más de dos semanas con movimiento justo y limitado del recorrido de la espalda. Aun no soy del todo flexible pero ya consigo recorridos más completos.
Después del osteópata, siguieron ibuprofenos, un masaje muscular y en seis días, otro más, porque esto no iba a ninguna parte. Después de hacerme daño, de verdad, en todos y cada una de mis visitas a estos especialistas, empiezo a ver la luz al final del túnel.
Pero entonces, veamos qué pasa con mi cuerpo. ¿Cómo llegué a ello?
Sólo diré un adjetivo: GILIPOLLAS!! aunque en mi caso, debería de ser un pronombre personal mas que un adjetivo.
NO sé si llegué a decir cómo creía que me hice daño en la espalda. Pero si lo dije, os mentí. Y me mentí a mí mismo, claro.
Yo pensaba que todo este dolor vino de un gran esfuerzo montando una estantería en el trastero. Soy un poco bestia y pensaba que forcé mucho la maquinaria. Luego me relajo. Luego le meto más caña, etc. Y como yo pensaba que todo venía por ahí, pues nada… era la estantería.
Pero en mi segunda visita a la masajista, la cual me avisó que esto iba a ir para rato, me di cuenta el motivo de mi rotura muscular. Vi la luz.
Efectivamente, fue en la misma actividad de la estantería nombrada pero no fue con eso precisamente. En el suelo tengo cajas de baldosas, gres, suelo de la cocina, etc. He comprobado con el peso que cada una de ellas pesa un montón y habían unas cuantas. Así, a ojo de buen cubero, imagino que sobrepasan los 100 kgs. Pues tenía que moverlas y no podía. Imaginaros un sitio estrecho, unas cajas de más de 100 kgs y un gilipollas, alias, yo. Pues no podía con ellas. Lo más lógico hubiera sido levantar una por una para no dañarme la espalda. Pero no, respiré hondo, las cogí todas y con un movimiento buscado de lo más profundo de mis fuerzas, lo conseguí levantar con la espalda inclinada hacia abajo. Realmente, no sé ni cómo no me la partí en dos con lo que pesaba aquello. A veces pensamos que podemos (y realmente podemos) pero las secuelas que pueden quedar  posteriormente pueden ser tan bestias como las que he sufrido yo. Realmente, ésta es la tercera semana y acabando y aun no me puedo atar los zapatos (tengo que hacer unas historias doblando las rodillas…), cuando estornudo o toso e inclinar la cabeza mirando al suelo todavía estira en la parte final de la espalda. Pero al menos, ya no es tan fuerte como lo tenía.
Debería aprender a mesurar la fuerza y valorar lo que puede suceder si sobrepaso el límite de fuerza de mi cuerpo. Porque si sigo así, no quiero pensar cómo acabaré.
Todo esto y, también, porque encontré un blog interesante, me ha dado que pensar en un blog que dejé abandonado a banda hace más de dos años y que, anoche, estuve dándole vueltas si volver a arrancar con él. Porque hay cosas que han quedado todavía latentes en mi vida diaria que debería ir poniendo en su sitio y ya va siendo hora de acabar de una vez por todas con todo lo que me hace daño del día a día. Pero como muchos de vosotros ya estáis suscritos al otro blog, si decido reinventarlo, ya lo veréis en breve.
¿Vosotros ponéis límites a vuestras fuerzas? ¿Sabéis dónde está vuestro límite o por el contrario os pasa como a mí?
Saludos y Gloria a las Santas!!! (son las fiestas de mi ciudad!!).
jotape firma

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